Blog · Historia de la ciencia

Químicas en la universidad: las primeras tesis y sus obstáculos

Un repaso por las condiciones institucionales que atravesaron las primeras graduadas en química en el Río de la Plata.

Entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX, varias mujeres firmaron tesis de química en universidades del Río de la Plata. Sus nombres aparecen poco en los relatos generales de la disciplina, pero los registros de tesis, los programas de cátedra y las actas de defensa permiten reconstruir parte del recorrido. Lo que muestran esos documentos no es una puerta abierta de par en par, sino un camino hecho de laboratorios compartidos, tutorías que se interrumpían y reconocimiento que llegaba tarde.

El primer obstáculo era el acceso al laboratorio. Los espacios de práctica solían estar organizados en torno a grupos reducidos y a la figura de un profesor titular que decidía quién entraba y con qué frecuencia. Varias de las primeras graduadas trabajaron con materiales prestados, en horarios cedidos por compañeros o en gabinetes que compartían con otras cátedras. Eso condicionó los temas elegidos: análisis de sustancias locales, estudios de aguas, caracterizaciones de minerales de la región. Preguntas acotadas, verificables con los recursos disponibles.

La dirección de tesis era otro punto frágil. Cuando el tutor cambiaba de cargo o se ausentaba, la investigación quedaba sin continuidad formal. Los archivos universitarios conservan notas donde se pide una nueva firma, se justifica una demora o se solicita prórroga. Esos papeles administrativos, poco citados, dicen bastante sobre cómo se sostenía una carrera en un campo que recién se institucionalizaba.

Tres casos y lo que las fuentes permiten afirmar

El artículo revisa tres casos documentados de tesis defendidas por mujeres en ese período. En los tres se puede confirmar la fecha de defensa, el tema y el tribunal, porque constan en los registros. Lo que no siempre se puede confirmar es la trayectoria posterior: si continuaron investigando, si publicaron, si dieron clase. Ahí empieza la interpretación historiográfica, y conviene marcarla como tal.

Las revistas científicas locales funcionaron como un espacio intermedio de visibilidad. Publicar un resumen de tesis o una nota breve en un boletín de sociedad científica era más accesible que un artículo extenso, y dejaba rastro. Esas páginas, muchas veces relegadas a la sección de comunicaciones, son hoy una de las pocas huellas verificables de autoría femenina en química durante el período.

Qué queda por reconstruir

Persisten lagunas. No todas las tesis se conservan completas, algunos catálogos están incompletos y ciertas atribuciones siguen sin respaldo documental suficiente. Tampoco corresponde leer estas primeras graduaciones como prueba de igualdad alcanzada: fueron casos aislados dentro de instituciones que seguían siendo mayoritariamente masculinas. La reconstrucción avanza comparando fuentes, no generalizando a partir de un puñado de nombres.

Para el aula, estos materiales sirven para trabajar con fuentes primarias: leer un acta, comparar un programa de cátedra con un boletín, distinguir un dato de una inferencia. Es un ejercicio útil para entender cómo se escribe la historia de la ciencia y qué se pierde cuando solo se cuentan los nombres más citados.

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